CRÍTICAS y ESTRENOS 2018 -Cine-


Estrenos y Críticas realizadas por: José María Ruiz
Portadas de las películas: -Extraídas de Internet-

ESTRENOS DE CINE


JEFE
Difícil resulta transitar por el terreno de la comedia, y la película JEFE resbala hacia el precipicio en su intento, contemplando el ritmo con iracundos gritos, olvidando la fuerza del gag, perdiendo la perspectiva de la reflexión y creando un hemisferio de personajes planos, no muestran una evolución transformadora del carácter, de inicio a final son los mismos. La historia nos introduce en los tejemanejes de los consejos de administración de una empresa que cotiza en bolsa, una empresa donde poco importa a qué se dedica, vemos a trabajadores enfrascados en unos ordenadores, es un dato que no nos lleva a ninguna parte, ni siquiera un tema secundario, aunque se afirme que la empresa es una familia donde no se va a producir un ERE, son trabajadores que ni siquiera tienen una frase en el guión, la única que intenta dialogar es la secretaria del jefe y este ni siquiera la escucha y la manda callar, aquí lo importante es el consejo de administración. Por ello puede decirse que estamos ante un cine social, de ese nuevo estatus social que conforman los altos ejecutivos que viven más allá del bien y del mal y solo son entes capitalistas. Cine social también porque visualiza una relación interclasista entre el jefe y la mujer de la limpieza, encargada de abrirle los ojos y mostrarle otra realidad, con ella el diálogo fluye. La trama se desarrolla en un único escenario: las oficinas de una de esas cuatro torres madrileñas. Y subdividida entre las oficinas de la empresa, la azotea del edificio y la planta de entrada donde se asienta la guarda de seguridad, que en el fondo es el personaje mejor trazado y al que da vida con agrado: Bárbara Santa-Cruz, aportando la filosofía de la existencia, quien sabe cómo rueda la vida, que sabe cómo son los unos y los otros.
El director Sergio Barrejón se descubre en mayor medida sobre el plano general, mostrando la pequeñez del jefe en su enorme despacho, la soledad embarga a este pequeño (gran) hombre venido a menos, y sobresale en el travelling circular alrededor de la mesa del consejo de administración, mayores riesgos y brillos no tiene, acaso también se salva el plano de presentación de Juana Acosta tumbada descalza en el parque. La trama nos muestra a este jefe que ha sido expulsado de casa por su mujer y se ve obligado a vivir en la oficina, así se encuentra al borde del divorcio, al borde de la quiebra y perdido en su soledad se encuentra una noche con la mujer de la limpieza, a partir de ahí el diálogo toma vida y nace la amistad. El guión viene firmado por Natxo López, que incide en las miserias del ejecutivo, hombre perdido entre la drogadicción, el alcohol y la prostitución, el hombre que mira por encima del hombro y cree que siempre lleva la razón. Uno estima que la obra bebe de aquella película clásica titulada “Un cadillac de oro macizo”. Lástima que esta comedia no aporte una carcajada a nuestra existencia, apenas un par de sonrisas es todo su bagaje.

Distribuidora: Súper 8


LA NÚMERO UNO
Desde la máxima seriedad se concibe la película LA NÚMERO UNO, que supone un estudio minucioso de las esferas de poder, esa oscura convivencia entre política y empresa, política tanto del estamento político como el juego de posicionamiento de cara al poder, el poder con el que nos encontramos al tener la presidencia de una de las grandes empresas del país. Y en este panorama entra en juego la baza feminista, una red de mujeres influyentes propone para la dirección de una empresa a una brillante ingeniera. La partida se jugará en el terreno de las influencias, más que en el de la valía, y el juego sucio no tardará en salir, aunque las mujeres tengan una visión distinta de estas vicisitudes. La producción se muestra elegante, el cine francés obtiene buen partido de estos ambientes de alta esfera, un mundo completamente educado y limpio que saca a relucir las tristes miserias que perviven en su interior, un cine francés que no le cuesta rendir cuentas con su pasado reciente haciendo protagonistas de sus cintas a expresidentes de la república, una mirada crítica-reflexiva de la que tiene que aprender mucho el cine contemporáneo español. La directora Tonie Marshall (que también firma el guión junto a Marion Doussot y Raphaëlle Bacqué) no se permite ni el más mínimo toque de humor, y no obstante tampoco cabría denominarla película dramática, ya que el terreno que se toca es el político (sin vertiente social, como se podría ver en una película de Constantin Costa-Gavras) y la derivada de poder que supone presidir una empresa puntera (una empresa perteneciente al IBEX 35, como sería el caso de España, aunque aquí tenemos el ejemplo de la señora Botín comandando el Banco Santander), y a estas esferas dominadas por los hombres se ve abocada una mujer, a partir de aquí los obstáculos de tipo profesional y personal vendrán a multiplicarse, pero ella es fuerte y como lema de batalla brota de su mente la figura de Cyrano de Bergerac y su poético duelo (“y al final te hiero”), mas la insolencia del poder echa por tierra cualquier tipo de rima. La dirección huye de la cámara en mano, salvo en contadas ocasiones, para concebirse en un estilo clásico donde el trípode toma forma (ya dije que nos encontramos ante una película elegante) creando encuadres precisos. Y precisa resulta esta descripción de la guerra que visionamos para alcanzar el poder, una guerra de sexos, porque la pretendida igualdad de sexos no es tal, cada uno aportará su arma, y aunque no hay sangre sí contemplaremos las puñaladas traperas. Cine feminista, no cabe duda, aunque las reglas de la partida las hayan dictado los hombres. Sobrio es el trabajo de la actriz Emmanuelle Devos, que viendo cómo no se la reconoce en su empresa decide aceptar la proposición de una red de influyentes mujeres, a partir de ahí su vida privada se transformará, viene a ser una reina, pero a la vez es un peón (maneja y es manejada), el ejercicio de mandar va más allá de lo que se ve, es decir, vive en esos hemisferios donde existe un mundo subterráneo que produce un hondo temor (tanto para la protagonista como para el espectador).

Distribuidora: Wanda Visión



Casi 40

David Trueba vuelve a trazar su escritura desde la óptica minimalista, generacional y con sesgo de “road-movie”, ya que CASI 40 toma y añade elementos a sus dos últimos trabajos. Véase: “Madrid, 1987”, donde reúne a dos personajes desnudos en un cuarto de baño, postulando un aire discursivo político entre quien ha sufrido la dictadura y una periodista que se crió en la dictadura, pero que se formó educativamente en la democracia; con “Vivir es fácil con los ojos cerrados” nos sitúa en los inicios de los años setenta, donde un profesor busca reunirse con John Lennon, en su viaje toma contacto con dos jóvenes estudiantes que huyen de su hogar. Así en CASI 40 dibuja un retrato generacional de dos personas que ya han nacido en tiempos de democracia e inician juntos una gira musical. Ella, cantante de éxito, ya retirada de la escena; él, sobrevive como vendedor de productos de cosméticos, y ambos son amigos de la juventud con un afecto romántico. Son hijos de la democracia, hijos de la movida, hijos de la libertad de comunicación (de expresión). Y esa es la baza con que juega la película, el diálogo entre lo que fuimos, lo que deseábamos ser y lo que somos; y a la vez que conocemos a los personajes, ellos se vuelven a descubrir (y quizá nos descubran). La mirada nostálgica incluye la derrota: “hay un día en que ya no tienes fuerza para pelearte”, “nos volvemos superinseguros con nuestro físico”. La película reivindica la figura del juglar, máxime cuando se da lectura a la definición que le otorga el académico Menéndez Pidal, y que ellos tienden a reproducir en sus actuaciones de pueblo en pueblo, de carretera secundaria en carretera secundaria, donde se han venido a cambiar los “garitos” por librerías y centros culturales… Las concepciones han cambiado, pero la génesis sigue siendo la misma: el artista frente al público transmitiendo pensamiento. Formalmente, la película tiende a mantener a los actores en plano medio, quiere tenerlos cerca y bien encuadrados; cabe subrayar la escena de la comida en la terraza de un bar, toda ella definida sobre un plano secuencia y cámara estática (salvo un inserto para ver una fotografía en el móvil) y destacando lo bien que se come actuando (el cine español fluctúa muy bien ante una mesa, véase cómo en películas americanas no saben actuar comiendo); las escenas de la furgoneta están rodadas siempre de la misma manera, con la cámara en el asiento trasero, ahora con ángulo sobre ella, ahora el ángulo está en él. David Trueba nos sitúa ante una pieza de cámara, por momentos monocorde, pero con sentido de sinceridad, donde uno debe rendir cuentas sobre uno mismo.
Avalon



El orden divino

Hay películas a las que cabe considerar como agradables, que buscan reconfortar al espectador para que salga del cine con una sonrisa de satisfacción, y la película suiza EL ORDEN DIVINO traza esos parámetros notablemente, máxime cuando viene a ser políticamente correcta, su mirada no pretende ser subversiva y sí testimonial, porque el relato se concentra en los días anteriores al plebiscito donde se va a otorgar (o no) el derecho de voto a la mujer en Suiza, corre el año 1971 y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres aún está lejos de alcanzarse (¿recuerdas la situación en que se encontraba la mujer española en aquellos años?), un tiempo donde la mujer debía pedir permiso al marido para ponerse a trabajar o abrirse una cartilla bancaria, así el sitio que la correspondía era la casa, el cuidado de los hijos y lavar calcetines (efectos de la Ley de Matrimonio del país helvético). Y en esta falsa paz se vive en un pueblecito suizo, hasta que la frustración de una mujer lleva al levantamiento social. La grandeza de la película estriba en que siendo no es, véase que podría tildarse de política y feminista, mas no, porque el gran punto de apoyo es la comedia, una comedia nada soez ni provocativa, ni siquiera militante, pero sí inteligente, blanca y sin hacer escarnio, porque refleja y expone sin ser discursiva (unos rasgos que podría concatenarse con “Full monty”). Quizá haya quien la tache de ser una película pusilánime ante la deriva de intentar contentar a todo el mundo y venga a pecar de ligereza, pero viene a equilibrarse al conseguir que el espectador no se aburra, y mientras se asiste a aseveraciones machistas en los diálogos (“la igualdad de sexo va contranatura” o “la mujer debe callar, dice la Biblia”) no resulta tendenciosa. No obstante, también tiene cabida en la historia su punto dramático, así vislumbra cómo actúan las instituciones sociales ante el grito de libertad de la juventud, así como al avistamiento del maltrato. La directora Petra Volpe se pone al servicio de la película, es decir, desaparece lo máximo posible, huye de los planos forzados, acompaña a los actores dándoles distancia, no incide sobre el primer plano, quizá abusa del plano medio, las escenas de bicicleta resultan vigorizantes (especialmente bien fotografiadas conjugándose con el paisaje, ese pueblecito que es todo un escenario) y no provoca el montaje. En definitiva: cine para todos los públicos, donde el acto político (el sufragio y su connotación) es el pretexto para dibujar una sociedad en un tiempo determinado, otorgando una dosis de humor y huyendo de la petulancia de mostrarse moralizante. Al fin y al cabo, nos hayamos ante una mirada que no deja de ser amable.
Surtsey Films



Las guardianas

Siempre son atractivas las películas físicas, física en tanto en cuanto los personajes (los actores) llevan a cabo una labor, una tarea, y en LAS GUARDIANAS asistimos al trabajo que demanda la campiña, ya sea arar o cosechar, lo mismo ordeñar que trillar… De ahí que el ojo del espectador quede imantado ante el realismo que transmite ese contacto terrenal, ese sudor que emana del cuerpo, ese rasgo de verismo. El director Xavier Beauvois otorga grado de lentitud a este drama rural, no se precipita, acompaña a los personajes en sus tareas con travellings en planos medios y generales, no disecciona con el primer plano, no utiliza la cámara en mano, es decir, la cámara no estorba a los actores (personajes) ni al público, por ello la cámara se hace agradable. La película nos sitúa en el período de la I Guerra Mundial, donde los hombres han partido al “campo” de combate y las mujeres deben sacar adelante la granja, son “las guardianas” de la tierra, y así día tras día trabajan de sol a sol siguiendo el ritmo de las estaciones del año. Se ha establecido un matriarcado. Una madre junto a su hija y una jornalera se encuentran ante esta tesitura: sacar adelante la granja familiar sin la mano de obra masculina. Si bien de tarde en tarde regresan los hijos con unos días de permiso, en su rostro y mentalidad se van dibujando los horrores de la guerra, una guerra que es un presente-ausente (solo es mostrada en el plano inicial de la película, donde con un travelling lateral muestra a soldados muertos sobre la tierra, y ahí encadena con otro travelling lateral donde las mujeres aran la tierra abriendo surcos, surcos que darán vida y no trincheras que conllevan la muerte). La mirada psicológica de la destrucción de las armas frente al fruto de la naturaleza. La campiña queda retratada con suma belleza, y la película desprende sobriedad, quizá porque el gran protagonista sea la tierra que debe ser labrada y cuidada, porque ahí está el cuidado de nuestro mundo. Más allá, los fotogramas desprenden un aire de melodrama a partir de una historia de amor interclasista, ahí está el heredero frente a la inclusera, ahí quedan la culpa frente a la pureza. A destacar la actuación de Iris Bry, aportando frescura y vida, siendo simiente, otorgando verdad. No desmerece la sequedad de Nathalie Baye. La película se dilata en el tiempo (134 minutos), se demora en los reencuentros con los hijos y brilla cuando las mujeres entran en acción, es decir, se produce un cierto desequilibrio, no obstante ha de considerarse una película apreciable.
Wanda



No dormirás

Postularse sobre el terror atmosférico es un difícil reto, y a ello se aboca la película NO DORMIRÁS, ya que huye de los sustos fáciles (aunque alguno hay) y tiende hacia una introspección psicológica a través de la conjunción de dos elementos: el escenario (el lugar donde se desarrolla la película) y el método (interpretativo). Así se va a escenificar una obra de teatro en un hospital psiquiátrico abandonado, el texto a interpretar fue escrito por una mujer que estuvo ingresada allí. Los actores estudian y ensayan el texto bajo la premisa de permanecer insomnes, queda prohibido dormir, así el cansancio vendrá a desactivar el cerebro para encontrar el limbo. Un limbo que transita entre el sueño, la locura y la muerte. Como directora de escena se encuentra la actriz Belén Rueda (docta ya en el género de terror), que busca la nulidad de la interpretación para asumir la plena vivencia, es decir, ir más allá. Más allá del Actors Studio y su método Stanislavski, un método basado en las acciones físicas, llevando al actor a experimentar unas emociones semejantes a las del personaje. Aquí sobra lo de semejante, y tiende a mimetizarse, a transmutarse, a convertirse, es decir, se da el paso para alcanzar el limbo, el actor es el personaje. El director Gustavo Hernández traza los parámetros con suavidad, la cámara no se desborda y plasma con eficacia este juego perceptivo que propone el limbo. No obstante se echa en falta una mayor consistencia dramática, que se apunta y no se alcanza, no queda resuelta en el guión. Destaca la fuerza interpretativa de Eva de Dominici, que se deja llevar al paroxismo sin mayores estridencias; mientras que a Natalia de Molina cuesta reconocerla y es una baza desaprovechada. Asistimos a una pieza de cámara que viene a perderse en su resolución, algunas armonías quedan descompensadas y vienen a sobresalir algunos solos, es decir, hay puntos de guión que flojean mientras cobran fuerza algunos momentos interpretativos, apuntalándose sobre una buena base iniciática. Cine de terror sin sangre, se agradece.
Filmax



Formentera lady

Con naturalidad se dice que un partido de fútbol va de menos a más, esta misma terminología se puede aplicar para definir la película FORMENTERA LADY (que toma el título de una canción del grupo musical King Crimson). Así el director Pau Durá va ganando al público poco a poco, sin prisas, aunque le cuesta arrancar, claro que estamos ante una película lenta, la cual se va bebiendo a pequeños sorbos, aunque se sienta algo dubitativa y parezca que este primer tramo venga afectado por el nerviosismo del director, no obstante está muy bien resuelta la escena del barco entre la madre y el hijo. Lo primero que embriaga de la película es el paisaje, y a partir de ahí entramos en contacto con Samuel, un hippie de 70 años que se gana la vida tocando el banjo en un garito, un hippie “hasta el forro de los huevos”, como viene a definirse, es un ser solitario que verá cómo su isla (su mundo) se transfigurará cuando tenga que hacerse cargo de su nieto, ya que su hija ha encontrado un trabajo en Francia que la obliga a irse sola. Esta situación (no original en el mundo del cine, difícil encontrar en estos tiempos lo original) hará que venga a surgir un nuevo replanteamiento (o no) de su existencia, la responsabilidad deberá abrirse paso, una responsabilidad que nunca ha llegado a adoptar en su universo hippie, cuya libertad derivaba de no hacer nunca caso, partir con lo puesto y unas simples alpargatas para los pies… Un camino formulado sobre la soledad y el desastre, una soledad que no vino a interpretar cuando su mujer decidió abandonar la isla llevándose a su hija, ya que en su universo el continente significa un territorio hostil, él sigue viviendo en un mundo donde las maletas no tenían ruedas. José Sacristán continúa en plena forma interpretativa, aportando una rotunda sinceridad a esta persona que ve cómo de un día para otro le ha caído un peso encima, que deberá aprender a lidiar, profunda es su mirada, profundos son los sentimientos que ha de reencontrar en su interior. Asimismo destacan los actores secundarios, esos amigos que aportan vitalidad a este abuelo hippie, que unidos constatan el fin de una época: el verdadero hippie está en vías de extinción. Desde la esfera tierna resplandece Ferrán Rañé, mientras que Jordi Sánchez conforma el mundo pícaro, en realidad es un descarado geta. Los niños siempre actúan con naturalismo, de ahí que el director le deje respirar, y por ello a Sandro Ballesteros se le ve intuitivo. Y por encima destaca la verdad que aporta Nora Navas. En conclusión: la sobriedad del final bien merece este grato recorrido, porque la escritura cinematográfica se ha hecho firme y los planos hablan con potencia.
Vértice 360



78/52. La escena que cambió el cine

El cine, por encima de todo, es imagen en movimiento, alimentado por el chorro de luz que distribuye la linterna mágica, después vendrá el encuadre justo, y catalizar todo en 50 segundos supone alcanzar la cumbre. ¿Por qué 50 segundos? Porque esa era la duración máxima de las primeras películas de los hermanos Lumiére, la longitud que llegaba a alcanzar una bobina en aquel período iniciático, y bajo plano fijo en trípode exhibieron el documental (obreros saliendo de la fábrica), la comedia (el regador regado) y hasta el terror (llegada del tren a la estación)…, posteriormente llegaría el montaje, el primer plano, el travelling, el sonoro, es decir, el cine iría conformando su lenguaje (su escritura) propio(a). El gran reto del cineasta es aunar todos estos elementos para pergeñar lo sublime, y mínimas son las veces que se ha llegado a esta cúspide. El documental 78/52. LA ESCENA QUE CAMBIÓ EL CINE viene a diseccionar la creación y el significado de la escena de la ducha de la película “Psicosis”, una escena mítica y de todo punto vanguardista, terrorífica e inspiradora. Una escena nutrida de la agilidad del montaje, de los planos calculados, de la brillantez sonora, donde se aunaban los sonidos (agua, cortinas, anillas, cuchilladas, golpe seco de una cabeza contra el suelo), la música de Bernard Hermman y un grito. Véase que no hay ni un diálogo, casi se está asistiendo a la pureza del cine. Una escena que no alcanza el minuto de duración y que tardó siete días en rodarse. Este “asesinato” a Janet Leigh venía a romper con los esquemas que imperaban en Hollywood, ya que el mal podía alcanzar a cualquier persona, uno no se podía encontrar seguro en su “seguridad”, no nos encontrábamos ante científicos desquiciados ni ante vampiros o seres extraterrestres, sino que era una tierna “madre” quien apuñaba salvajemente a una primera estrella de cine. Naturalmente, el patio de butacas estalló en alaridos al contemplar la escena por primera vez, el público quedó en estado de shock. El director Alexandre O. Philippe da voz en este documental a varias figuras del panorama cinematográfico para que analicen qué supuso la aparición de “Psicosis” y la escena de la ducha, ahí intervendrán Peter Bogdanovich, Guillermo del Toro, Gus Van Sant (autor del remake en color), entre otros, a ellos se une la doble de cuerpo de Janet Leigh… Todos ellos nos descubrirán la magia de la perfección, de ahí que el público asista a una clase magistral sobre el arte cinematográfico y la figura rupturista que significó Alfred Hitchcock, el hombre que visualizaba las películas antes de filmarlas, el hombre que interpretaba la cámara como un ojo, el hombre que era un voyeurista y hacía copartícipe al público de esa afición. Un documental para todo aficionado al cine. Una película (“Psicosis”) que mantiene plena su vigencia, por una casualidad vine a ver 78/52. LA ESCENA QUE CAMBIÓ EL CINE un lunes en un pase de prensa, mientras que el día anterior se proyectó en Filmoteca Española la película “Psicosis”, el genio de Alfred Hitchcock consiguió colgar el cartel de aforo completo. Ya se sabe: el buen cine nunca pasa de moda. 78/52… ayuda a comprender en mayor medida el lenguaje del cine y la potencia de las imágenes, ya que nos regala un análisis detallado de la poesía del terror: ya nada fue lo mismo después de esa escena, porque en 50 segundos se puede reescribir la historia del cine.
Sherlock Films – A Contratorriente



Oh! Mammy blue

La sonrisa es el punto que busca la película OH! MAMMY BLUE (que toma el título de la mítica canción de Phil Trim, y que también aparece en la cinta). El hit-parade junto a los créditos ya nos ponen sobre aviso que la música va a ser un componente superlativo en el metraje, máxime cuando nos encontramos ante una rockera (amiga de Jimmy Hendrix) que vive en una residencia de ancianos, su espíritu libre no encaja con la rigidez que la intentan inculcar, porque para la directora de la Residencia El Retiro se va allí para “estar tranquilo antes de palmarla”, pero nuestra protagonista siempre ha ido contracorriente y aquí no va a ser menos, por eso imparte clases de yoga y de canto, así como permanece fiel al porro reconstituyente, y en última instancia vendrá a formar un grupo rock junto a su nieto, porque para ella la edad es solo un número. La actriz Carmen Maura sigue constituyendo punto de movida, ya desde aquella Pepi de “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” con que se estrenaba Pedro Almodóvar en 1980, sin olvidar los “Tigres de papel” (1977) o “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?” (1978), es decir, la rebeldía sigue formando parte de su ser y no se va a doblegar a unas normas caducas para lo que significa la nueva tercera edad, una nueva tercera edad que sigue reivindicando sus derechos en la calle, una nueva tercera edad que ya no claudica y sigue manifestando deseos, y sobremanera el deseo de vivir plenamente y no sentada el día entero frente al televisor, porque vive la necesidad de pasarlo bien. El director Antonio Hens se muestra parco, apenas se despega del plano medio, por ello sobresale una escena tratada en plano secuencia, la cual se desarrolla entre Carmen Maura y María José Alfonso, porque desde un plano general desde la derecha pasamos con el movimiento de la cámara a un plano medio desde la izquierda, y donde ambas mujeres se confiesan (María José Alfonso conserva la fantasía de su mirada, el rostro infantil y una sonrisa desarmante, de ahí que convierta en sobresaliente este papel de actriz de reparto, el secundario toma protagonismo con esta lección de actuación). Lástima que Carmen Maura no lleve la voz cantante, es decir, está doblada en las canciones y se nota que algunas veces no concuerden los labios con la palabra, porque sí transmite marcha y cariz rockero. Una película agradable, donde se promueve que cualquier edad es buena para alcanzar los sueños. Un poquito de pastel hay, así como un poquito de comedia y un poquito de todo, de ahí que todo se quede en un poquito, por lo cual no resulta notable.

Syldavia

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