COLOQUIO -'Los días que vendrán'

Coloquio extraído y publicado por: JOSÉ MARÍA RUIZ -Textos-
Fotografías: -Cedidas por la distribuidora AVALON-

COLOQUIO: ‘LOS DÍAS QUE VENDRÁN’
-En la Academia del Cine Español-


Nada como descubrir los secretos de un buen guiso, y en este coloquio, celebrado el 18 de junio de 2019 en la Sede de la Academia de Cine, se abre la receta mágica de su condimentación. El director: Carlos Marqués-Mercet y los actores: David Verdaguer y María Rodríguez Soto nos hablan con entusiasmo de este proyecto tan personal e íntimo, porque: ‘LOS DÍAS QUE VENDRÁN’ es una película tan natural como original, apenas un encuentro con esa verdad a la que aspira la mentira del cine.


¿Quién propone a quién entrar en este juego de rodar una historia de ficción de manera paralela al proceso que vivís como pareja, el proceso que vive María como mujer, el proceso del embarazo de una pareja?

Carlos —Lo propongo yo. Cuando me enteré estaba a punto de rodar “Tierra firme”, y supongo que las ganas de hacer una película e irla construyendo sobre la marcha a través del embarazo, pues era la situación perfecta, así como la decisión de tener o no tener hijos, y fue como que se conjuntaban las dos cosas para cerrar esta especie de trilogía que he llevado a cabo. Así que le dije a David: por qué no le dices a María a ver si le apetece…

David —Yo de inicio estaba muy reticente, porque tenía mucho miedo de ser Alaska y Mario. Como “reality”, esa realidad de nuestro primer hijo, nuestra cosa íntima, y tenía algo de miedo, pero la decisión final era de María. Se lo dije, y como ella es una punki…

María —Yo me tiré a la piscina de cabeza. Había trabajado con Carlos en una tele-movie en TV3, y sabía de la experiencia de David con Carlos, y no dudé en ningún momento de crear algo entre los tres.


Decías, David, que no querías ser Alaska y Mario. ¿Por qué decidís tomar distancia? Utilizáis el recurso de que al final sois una pareja real que se pone delante de la pantalla, pero realmente tiráis de otro hilo para tomar distancia y formular otra historia.

David —Eso para nosotros era básico. Marcamos unas líneas rojas, y Carlos estuvo de acuerdo desde el inicio. Es muy importante para los actores, al menos como trabajamos María y yo. Es como crear un personaje, yo no soy tan soso como en la película, sé hablar a una tripa sin parecer imbécil. Creas personajes que te permiten distanciarte mucho y desde la mentira conseguir más verdad que si fueras tú mismo, y así el miedo y el pudor a mostrar discusiones, sexo explícito o lo que sea que pase en la película se queda muy lejos porque tienes un personaje, y con él puedes llegar más lejos. Y Carlos ha rodado como tipo documental, y al tener tanta ficción se puede llegar a una verdad más heavy o más profunda. Y eso es lo que creo que se ha conseguido con la película.


¿Hubo pudor? ¿Hubo alguna vez temor de que las fronteras entre lo que era la historia y la realidad se estrechasen? ¿Hubo algo que os preocupase? ¿Os sentisteis cuidados por Carlos?

María —Nos sentimos muy cuidados por Carlos y por todo el equipo, y por la implicación que requería hacer esta película, porque la fuimos haciendo a medida que los acontecimientos también nos iban llegando a nosotros. Estábamos ante una película que no sabíamos que la íbamos a hacer, y en dos meses la estábamos haciendo. No sabíamos cuál iba a ser la primera escena, y de repente en un día de improvisación la encontramos. No sabíamos cómo seguiría la trama y de repente se fue formando. Eras un equipo a la búsqueda de algo, no nos planteábamos la individualidad, es “ay, esto no quiero enseñarlo”… No, fue muy natural, porque realmente el punto de partida de la película nos distanció mucho de nuestra realidad, y a partir de aquí se puede jugar muchísimo. Creo que hicimos un curro de personajes y de historia que nos avaló.

David —Excepto la primera escena, donde recreábamos otra vez la escena del Predictor. Era una pareja haciendo un Predictor con una barriga de cuatro meses, a María se la notaba la tripa. Esta gente son imbéciles, con esa tripa no hace falta Predictor. Lo repetimos y se fue creando. A Carlos le cambió toda la película, él la vio clara en su cabeza cuando apareció el vídeo de la madre de María.

Carlos —Sí, en esta película sabíamos las preguntas que nos queríamos hacer, pero no sabíamos qué forma iba a coger. Y en parte porque cuando empezamos a rodar no sabíamos ni el cómo. Yo nunca había rodado cámara en mano, me daba mucho miedo… Fuimos aprendiendo a rodar la película mientras la íbamos haciendo. Sí que hubo un momento de inflexión, cuando llevábamos siete meses de embarazo, de decir, bueno vamos a hacer un guión. ¿Hacia dónde íbamos? Hasta entonces éramos los tres trabajando haciendo las escenas que escribíamos, luego ensayábamos y rodábamos. Y ahí entró Coral Cruz y nos ayudó a estructurar, pero en el momento en que entró el vídeo del nacimiento de María con sus padres es verdad que entendí la película que estábamos haciendo, como que de repente todo hizo un click, “¡ah, estamos haciendo una home-movie!”, literalmente, en casa, donde vivía yo en ese momento. Con la diferencia de que la cámara vive en una puesta en escena, y enseñar esos momentos que nunca aparecen en las películas caseras, donde solo retratamos los momentos felices. Así que llevamos a cabo esa cara B, ese fuera de campo de las películas caseras.


En esa cara B a la que te aproximas en las historias pequeñas que ruedas siempre traslucen ciertas lecturas políticas. En este caso el embarazo sirve para hablar de precariedad… No sé si para ti el cine es indisociable de la política

Carlos —Ahí está la frase típica: todo cine es político. Supongo que me interesa, de hecho nos estuvimos planteando poner explícitamente al principio, y de hecho hay mucho de arte (diseño de arte) que configura un poco la película. Había hasta un pasado activista de los personajes, y todo eso quedó apartado por varias razones, una de ellas porque pensé que era mucho más interesante encontrarla desde los micromovimientos, micropolítica, como nuestros afectos, nuestra manera de relacionarnos tiene mucho que ver con las condiciones sociales y económicas en las que vivimos. De hecho es algo que no me he dado cuenta hasta que acabé la película. Sí, es verdad, que está presente en todas mis películas, y cómo el hecho de que a ella no la renueven el contrato conlleva mucha parte de la crisis que luego pasa a la pareja, y cómo a veces pensamos en la relación de pareja y el amor como algo abstracto, pero realmente tiene mucho que ver en cómo estamos viviendo.


Hay una frase en la película que me gusta mucho: “¿tú crees realmente que nuestros padres estaban preparados?”. María, ¿crees que nos enfrentamos a la paternidad de la misma manera que lo hacían nuestros padres?

María —Es un tema que he hablado con mis padres. Ellos estaban en un seguro económico diferente, eran maestros, funcionarios de escuela pública, todo era muy diferente. Les evocó a eso. Pero si nos vamos un poquito más lejos, a mis abuelos que migraron de Córdoba a Barcelona con siete hijos… Hay una cosa que la vida se pone encima, y nosotros tenemos la oportunidad y la suerte, y a veces la desgracia, de analizar todo de una manera que nos quedamos entre la vida y el pensamiento, y eso es una cosa que también se refleja en la película, y es un sello de nuestra generación.

Y en cuanto a David, el debate que hay abierto sobre la masculinidad, no sé cómo vive un hombre esos nueve meses tan importantes de su vida, en los que va a convertirse en padre. Todo ocurre en el cuerpo de ella

David —Es muy guay, pero esto cómo va, qué hago, cómo ayudo, ¿molesto aquí? Y luego nace, y la teta, ahora duerme, ahora teta. ¿Qué hago yo aquí? El personaje de Luis tiene unos ideales y los vende para tener un mejor trabajo. Entiendo al personaje, él quiere mantener mejor a la familia, pero al mismo tiempo que vende esos ideales está perdiendo a su pareja, porque la pareja se enamoró por sus ideales, ese abogado que quería defender a los más débiles. Carlos, el director, retrata los roles masculinos. He hecho tres películas con él, y son personajes muy distintos, y siempre son complejos. Carlos es como un director muy femenino, los personajes importantes y los que realmente son, él se centra en las mujeres, yo no soy su alter ego en las películas, sino que son las chicas de sus películas.

Carlos —El debate de género en 2014, cuando hice mi primera película, no tiene nada que ver como es ahora, pero sí que me he dado cuenta que al final tiene que ver con dar ese paso atrás. El hombre asume que ya no está en el centro, y eso que todavía estamos en una sociedad patriarcal muy clara, pero ahora ya vienen a ser hombres perdidos, y eso me interesaba reflejarlo sin tener esa obsesión de ponerlo en el centro todo el rato.


No soy madre, nunca he tenido hijos, y tengo todavía un nudo en la garganta tras el visionado de la película. Todo lo que he visto en la pantalla rezuma verdad, y eso es lo que me ha emocionado. Me da lo mismo lo que hay en la historia de verdad o de ficción porque me ha llegado como verdad. Carlos, ¿cómo se puede estar tan zumbado para pensar que hay una película en el embarazo de una pareja?

Carlos —Hay veces que alguien dice “no seas tan original”. Para mí es algo bonito, yo no intento hacer algo original, porque me interesa ver lo que todos podemos pasar. Claro que desde la ficción y desde la fabulación. Creo que es interesante poder pensar la verdad desde las realidades de muchos lugares. Sí que había algo para mí, el hecho del nacimiento de un hijo es uno de los pocos momentos de la vida que quedan. Los rituales ya no están, te vas de casa de tus padres y vuelves, te casas y te divorcias, pero tener un hijo es de las pocas cosas que no te puedes echar para atrás, y curiosamente ese momento de cambio, ese abismo antes de llegar a ese cambio. Se mueve la película sobre esa mirada al abismo, más allá de que la historia sea original o no, queríamos capturar esa cosa innombrable sobre lo que está pasando. Creo que el abismo nos ayudaría a llegar ahí.


Quería preguntaros, no sé si lo podéis contar, es cómo fue el rodaje de esa cesárea que a todos nos impacta muchísimo cuando la vemos. No sé si son efectos…

Carlos —Me gusta que la gente no vaya sabiendo. De ahí que no hablemos mucho. No por nada, sino por sorpresa, y que no estés calculando cómo se ha hecho, cómo se hizo. De hecho nos planteamos, y yo se lo propuse, rodar el parto, y David dijo “eso no lo vamos a filmar”. Por una razón muy interesante, María pudor no tenía. Les propuse que se grabaran ellos. Pero no, porque si hay una cámara ellos estarán actuando. No querían estar actuando en el nacimiento de su hijo. Entonces sucedió que teníamos una idea para la película, y apareció lo de la cesárea para darle un giro final: la vida está aquí. Y ahí empezamos a buscar un médico que nos pudiese acceder a alguien que nos dejase grabar su cesárea. Estuvimos esperando casi ocho meses y al final alguien se prestó voluntariamente, era su tercer hijo, cesárea programada. Si es una cesárea de urgencia no puedes grabarla. Y también una doctora que ayudase en la cesárea y con un tono amable que nos permite ver cuándo sale el bebé. Fui yo a grabar, solo nos dejaban entrar con la cámara y un sonidista, y un poco con la idea de pensar ya cuando la estabas grabando de cómo hacer un plano secuencia imposible. Así que teníamos la ventaja de que hay esa barrera entre un lado y otro, y eso nos dio la posibilidad. Grabé la cesárea, que me impresionó menos de lo que esperaba, estaba algo obsesionado con la cámara y como director te estás alimentando de las emociones de los actores, cuando coges la cámara estás pendiente del cuadro, que se vea y que aquello funcione. Ni siquiera me quedaba con el olor. Una vez grabado eso (que era mucho más gore de lo que se ve, quitamos un poquito), montamos un vídeo y a partir de ahí los movimientos de cámara es donde íbamos a pasar a María y David. Arte creó el quirófano, y así que reproducimos el mismo esquema y poner un croma para que cuadrasen perfectamente los movimientos y con un ordenador encima para que en el momento que bajaban esa tela poder ver el vídeo que había grabado. Así se reaccionaba a ese directo.

De qué manera aportáis al guión de la película, también aprovechándoos de esa intimidad. Me viene a la cabeza esa escena de insomnio de María en la que termináis hablando al bebé.

María —Esa escena precisamente no, porque yo dormí tan bien. Tuve un embarazo donde dormía como una marmota, me encontraba bien. Pero sí que es verdad que tengo muchas colegas que han pasado por esto y han dormido fatal, tenían que ir a mear cada diez minutos. Así que te vas nutriendo de todo lo que te envuelve.

Carlos —Era una combinación. No era tanto de esto que nos ha pasado, sino oye ahora estamos en este momento.

María —Carlos ponía una premisa, y a partir de ahí nosotros trabajábamos en ello e improvisábamos. La creación era Carlos grabando eso y luego lo reescribía. Y con el guión lo ensayábamos. Hay gran parte de ese material que se grabó que al final no han entrado en la película.


Esta película viene a cerrar una trilogía accidental, no sé si es realmente un cierre o en las siguientes películas seguirás con estas historias que narran problemas que afectan a nuestra generación

Carlos —Yo creo que sí, pero supongo que también empiezas hablando de tu entorno, de tu generación porque vienen a ser películas de aprendizaje. A veces pensamos que hoy en día un director al hacer su primera película va a buscar su estilo, sus temas. Yo me propuse hablar de lo que me rodea, sí que es cierto que tengo ganas de hablar de otros momentos vitales y de otras edades que necesariamente no sean la mía. Para mí hay una relación muy cercana entre lo que aprendes del cine y lo que aprendes de la vida, y cosas que has escrito luego las vives, y cosas que vives luego las escribes, y cosas que estás viviendo las estás filmando.

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